Los secretos de la estación Grand Central


La estación terminal ferroviaria neoyorkina Grand Central está siempre en la lista de visitas de los turistas. Pero, además de poseer una maravillosa arquitectura, hay más por descubrir de este emblemático edificio.

Un paseo ineludible

Ser turista en Nueva York significa tener una lista de visitas por hacer, previamente promocionadas por famosas películas, series y artículos periodísticos. Los grandes íconos de la ciudad se reconocen a la distancia para aquellos que siempre han soñado con visitar la gran manzana. Pero, lo que muchos fallan en conocer es la historia de los sitios y por qué deben ser visitados, además de ser el escenario de una de nuestras películas favoritas. Este es el caso de la Grand Central Terminal, la estación de trenes más grande del mundo desde 1913.

La antes citada estación moviliza alrededor de 700.000 personas a diario. En las mañanas, durante la hora pico, llegan trenes cada 58 segundos a una de las 45 plataformas desde los 63 diferentes carriles. Su importancia para la ciudad es tal, que Hitler trató de destruirla durante la segunda guerra mundial, debido a que aproximadamente el 40% de los ciudadanos de Estados Unidos. viajaban a través de Grand Central durante el transcurso del acontecimiento bélico.

Actualmente, los turistas pueden disfrutar de una variedad de elementos en la estación, apto para cualquier presupuesto. Por ejemplo, a través de Lexington Passage existe una serie de tiendas para aquellos que les gusta la moda, el cuidado de la piel y la tecnología. Además, los restaurantes de comida rápida más famosos de Nueva York también tienen un sitio en la plazoleta de comidas Vanderbilt. En algunas ocasiones, los diferentes sitios ofrecen degustaciones, regalos y ofertas especiales.

Grand Central Terminal
Retrato del arquitecto español Rafael Guastavino (1842-1908).
Aspectos peculiares

Existen otra serie de atractivos, que deben ser visitados en esta estación, como es la ‘Galería de los Susurros’ (The Whispering Gallery), ubicada en el nivel inferior, justo enfrente del Oyster Bar. El techo de bóveda curva y cubierto de baldosas, permite escuchar conversaciones de las esquinas opuestas, si se habla directamente hacia donde se encuentran las paredes. Un truco, que permite a niños y adultos divertirse un rato, y que causa curiosidad a aquellos, que no saben porque las personas hablan con las paredes. El techo de esta galería y del Oyster Bar fueron diseñados por Rafael Guastavino, migrante español, que residió en los Estados Unidos. Es considerado uno de los grandes arquitectos de Nueva York, debido a que su trabajo se encuentra plasmado en más de 250 estructuras de la ciudad.

El techo en el salón principal, compuesto por las constelaciones zodiacales, se encuentra pintado al revés: sus arquitectos aseguraron que esto es intencional, puesto que supone la ‘vista divina’ desde los cielos. El reloj, que se encuentra debajo de esta pintura, ubicado en el techo del quiosco de información, tiene un costo de 10 millones de dólares estadounidenses.

Por último, no podemos obviar al Apartamento Campbell, que en el presente es un bar abierto. Anteriormente, perteneció a un millonario de la ciudad. La construcción mantiene ciertos rasgos de opulencia, de acuerdo al estilo de vida de su dueño original.

Publicidad